El antiespecismo crece a pasos agigantados

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Cada vez más, un número mayor de personas cuestiona el especismo y los argumentos que tratan de sostenerlo, intentando dilucidar algún tipo de conclusión lógica y justa: al igual que respetamos a los seres humanos independientemente de su sexo, raza o capacidad cognitiva, debemos respetar a los demás animales independientemente de cuál sea su especie. Y es que de forma exclusiva, solo las cualidades de sentir, sufrir y disfrutar, resultan relevantes a la hora de determinar quién merece consideración y respeto.

A raíz de las últimas informaciones publicadas en diversos medios en relación con esta cuestión, entre las que se encuentran las prácticas de los grupos antiespecistas y la concentración en manifestaciones, desde Vegaffinity intentamos arrojar máz luz sobre un tema que sigue cobrando importancia en nuestra sociedad. En este enlace, podrás encontrar más datos actuales del tema que nos incumbe.

No obstante, si estás especialmente interesado en el tema y en conocer más sobre las prácticas de grupos antiespecistas, recomendamos ampliamente la lectura de la obra Hasta la última jaula. 50 años de liberación animal de ochodoscuatro ediciones. Este libro nos permite ampliar nuestros conocimientos sobre el tema en cuestión.

También te recomendamos la visualización del documental Earthlings (castellano), narrado por Joaquín Phoenix, reconocidísimo vegano activista, cuyo documental se ha convertido en uno de los referentes en el mundo vegano, y que debería ver cualquier persona.

 

 

Los fines más perversos contra animales: fundamentos del antiespecismo

 

La finalidad del antiespecismo, en definitiva, se fundamenta en base a criterios propios como la ética y la eficacia, frente a (y contra) criterios ajenos como la legalidad y el beneficio económico. Actualmente abundan importantes cantidades de informaciones sobre la evolución de diferentes grupos de acción directa, principalmente ilegal, y cómo su esfuerzo y valentía han contribuido a salvar millones de vidas animales y a ocasionar grandes daños a una gran parte de una industria opresora y cruel.

En este enlace, pueden consultar una de las variables activistas que ofrece esta cuestión, en este caso, las pieles utilizadas para fabricar ropa. La BBC consiguió mostrar las terribles condiciones en las que vive la marta cibelina, un animal cuya piel es la más costosa del mundo. Se estima que hay cerca de 70 granjas en toda Rusia.

Si algo persigue el antiespecismo, es acabar con las prácticas más deleznables que se ejecutan hoy en día. Estos grupos hilvanan una serie de actuaciones variadas que, quizá, sorprenda a más de uno por su dificultad y riesgo. Hablamos de entrar a plena luz del día en un laboratorio, sembrar el caos por los pasillos y en los alrededores; visitar granjas y vaciar las jaulas; incendiar mataderos; bloquear el paso a los camiones que transportan animales vivos destinados al consumo cárnico; sabotear continuamente las cacerías; invadir criaderos y rescatar a todos los animales que se pueda. En resumen, una lucha encarnizada, sin armas y con hechos, para salvar vidas.

 

El caso del activista Barry Horne.

 

El 5 de noviembre de 2001, Barry Horne murió bajo la custodia del gobierno británico. Cumplía 18 años de condena, acusado de llevar a cabo lo que denominaron una "campaña incendiaria" contra la farmacéutica Boots, que experimentaba sus productos en animales. La condena de Horne era la más larga que se ha impuesto a un activista por la liberación animal.

Horne acababa de iniciar su cuarta huelga de hambre para exigir al gobierno de Tony Blair que llevara a la práctica una de sus promesas electorales: la creación de una comisión sobre la vivisección (que significa literalmente "cortar animales vivos", una práctica que consiste en experimentar en animales con el fin de hacer estudios o investigaciones). A mediados de los 90, el discurso y las acciones de los movimientos animalistas habían calado en gran parte de la sociedad británica, y el Partido Laborista había aprovechado para distribuir propaganda electoral comprometiéndose a ofrecer una “nueva vida para los animales”. Esa no fue la única mentira que se les achacó. Barry Horne murió en la cárcel: su cuerpo no pudo soportar una cuarta huelga de hambre.

 

Movimiento antiespecista por la liberación animal

 

 

 

El sábado 5 de noviembre, Madrid acogió una manifestación que denunció y abogó por los derechos básicos de los animales, sin distinciones de especies. La Asamblea Antiespecista de Madrid y el Colectivo 1 de Noviembre defendieron el respeto y la libertad que todos los animales merecen, así como el sufrimiento que provoca a los no humanos un sistema basado en la injusticia y la explotación constantes: una lucha representada por una conciencia creciente, en la que se incide sobre la sensibilización humana en la que se reconozca a los animales no humanos los derechos que les pertenecen.

Una vertiente ciertamente polémica, en la que muchos privilegios se cuestionan y muchas empresas son señaladas por sus malas prácticas.

No solo Madrid encontró cobijo para los defensores de este movimiento, ya que también fue secundado en otra capital europea, como es el caso de nuestro país vecino, Portugal, y su capital Lisboa.

 

Si los humanos no se respetan entre ellos, ¿será posible con animales?

 

Sobre un modelo capitalista y estructurado jerárquicamente, el especismo supone la discriminación moral de los individuos en base a las diferencias de su especie con las demás.

El movimiento antiespecista se fundamenta en una premisa clara: si no te gustaría sufrir prácticas deleznables sobre ti mismo, no lo hagas tú con los demás. La escandalización y la repulsión afloran cuando hablamos de prácticas de tortura, manipulación o acoso sobre una persona. ¿Es lo mismo denunciar estas cuestiones sobre animales? La realidad es que hacemos con los otros animales, con los individuos clasificados en otras especies, lo que no aceptamos hacer con los de nuestra especie.

Por citar algunos ejemplos, encerrarlos, mantenerlos en cautividad, robarles la leche generada por las madres para sus hijos, despellejarlos para hacer bolsos y abrigos… en zoos, criaderos, granjas, circos… o en laboratorios de experimentación. Una bestialidad de prácticas que no cesan porque no se tratan de cuerpos humanos.

No obstante, resulta incompatible sostener un discurso antiespecista y defender los derechos de los animales, con el hecho de admitir en el planeta a personas y grupos que mantienen posturas fascistas, sionistas, machistas, homófobas o xenófobas. La crueldad humana puede no llegar a tener límites, cada día más insospechados.

 

Veganismo y antiespecismo

 

Si bien el veganismo, abstenerse del consumo de animales y productos de origen animal, es la consecuencia directa de esta toma de conciencia, el movimiento antiespecista rechaza que se trate de una opción personal: si tus hábitos y tus decisiones afectan a otras vidas, no dispones de otra elección que la de cambiarlos. Más aún, teniendo en cuenta que hay millones de animales necesitando y esperando ayuda, el veganismo será una forma de combatir la injusticia especista, pero no será suficiente si es la única.

Como lucha política que es, el movimiento antiespecista aspira a la liberación total de los individuos oprimidos por razón de su especie, por lo que denuncia y combate toda situación en que esta se produzca, y denuncia y combate la represión que el sistema especista ejerce sobre los activistas que ponen en peligro sus inmorales intereses.

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