Carnicería vegana: un choque de conceptos

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Todos nos preguntamos, veganos o no, por qué se utiliza el nombre de un producto teóricamente cárnico para una elaboración que no contiene este tipo de componentes procedentes de los animales.

¿Por qué llamamos pollo a un sucedáneo hecho de soja? O ternera, a un ‘filete’ producido a partir de guisantes, zanahorias y patatas. Verdaderamente se desconoce el motivo, al menos no hay persona que haya acuñado algún tipo de término para referirse a productos vegetales que son sustitutos de la carne, pero que en realidad, no contienen nada de esta en su interior.

Lo único que sí sabemos, a ciencia cierta, es que el paso al veganismo lleva en gran medida a consumir este tipo de productos. Hamburguesas, filetes, nuggets, delicias… términos cárnicos que pueden buscar simular su sabor o su textura, pero exentos de todo elemento que sea característico de la industria cárnica.

Esta terminología, todo sea dicho, se hereda tras dar el paso a una forma de vida libre de carne. A fin de cuentas, el que habitúa su alimentación a conceptos veganos lo hace tras haber consumido carne y haber conocido dichos productos, por lo que sigue llamando a sus sustitutos de igual forma. No obstante, y para que quede claro, en la gran mayoría de casos el que se hace vegano no deja de comer carne porque no le guste su sabor, sino por otros motivos de tallaje ético. Realmente no habrá término para referirse a estos productos, lo que sí que hay es una creciente vertiente de posibilidades para dejar de lado el sufrimiento animal que tiene lugar cada día. Desde Vegaffinity, os contamos un poco más de esta historia.

 

El consumo per cápita de carne, en descenso gracias a estos nuevos comercios

 

Hay que sentar las bases, unos precedentes, para conocer el impacto real de estas carnicerías veganas. Para ello tomamos el ejemplo de nuestro país, España, a partir de los datos acumulados por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) desde 1961 en relación al consumo de carne per cápita.

España, en 2002, se posicionaba como el segundo país del mundo que más carne per cápita consumía, solo por detrás de Estados Unidos. Nuestro país fue segundo en esta clasificación en otros años, como por ejemplo en 1998 y 2001. No obstante, 2002 fue el año en el que se tocó techo: cada español consumió 119,2 kilos de carne en dicho año, un dato sobradamente significativo.  Desde entonces experimentó una lenta caída para situarse en 2009 por primera vez por debajo de los 100 kilos por persona al año (96,7), algo que no sucedía desde 1994.

Desde el pasado año, último dato oficial facilitado por la FAO, España ocupa el décimo puesto en el ranking de países con mayor consumo per cápita de carne, ya que cada español come una media de 93,1 kilos al año. El líder, actualmente, es Nueva Zelanda con 126,9 kilos por cabeza. El bajón en nuestro país, experimentado desde 2009, se dilucida por dos vertientes: por la crisis económica, ya que la población opta por consumir productos más baratos como frutas y verduras por delante de carnes o pescados, que son más caros; y el reciente crecimiento, cada vez mayor, de una sociedad vegana.

Por si algún interesado quiere explorar más datos de este tipo, visiten este enlace de referencia.

 

La expansión de la carnicería vegetariana

 

A raíz de los conceptos anteriores, y de esos motivos, se cierne sobre el mundo el término que antes intentábamos comprender y asimilar: la carnicería vegana.

Esta idea toma su origen en Holanda, de la mano de Jaap Korteweg. Este hombre, fundador y propietario de ‘The Vegetarian Butcher’ (traducido al castellano como ‘La carnicera vegetariana’), ha sido el encargado de expandir por todo el planeta ese concepto que tan contrario puede resultar, pero que a día de hoy no encuentra terminología mejor. No obstante, más de 1.000 puntos de venta en Holanda y una expansión vertiginosa por el mundo avalan el creciente interés en este tipo de establecimientos.

El pollo, las albóndigas, las hamburguesas y la ensalada de atún son algunos de los productos estrella que esta marca comercializa. Pero siempre, a partir de alimentos como el grano, la soja y cualquier vegetal. Algunos cerca de lo que es el producto verdaderamente cárnico, el original, y otros más alejados en lo referente a sabor o texturas.

No obstante, los datos vertidos por la propia empresa son especialmente reveladores. El propio Korteweg se encargó de mostrarlos hace un tiempo, afirmando que “la huella ecológica de nuestra hamburguesa es siete veces menor que la de una hamburguesa real”. Lo mismo sucede con el pollo, que necesita un tercio de los recursos obligatorios para generar auténticos pollos de corral. Entre esos recursos se aprecian el consumo de agua, la utilización de suelo y las semillas y granos que esos pollos necesitan.

En España, desde hace aproximadamente un año y medio, podemos encontrar diversos puntos comerciales que actúan bajo la batuta de Korteweg. Pero también impulsados por la encomiable labor de otra persona que ha trabajado sin descanso para que estos productos puedan ofrecerse en algunas zonas de nuestro país. Hablamos de María Isabel Tonda, una emprendedora que se ha erigido como distribuidora española de ‘The Vegetarian Butcher’.

Ambos llegaron a un acuerdo para poder comercializar los productos en uno de los países más carnívoros del mundo como es España, trabajando desde su emplazamiento físico en Burgo Centro, Las Rozas, Madrid. No obstante, una multitud de restaurantes o tiendas se abastecen de los productos de ‘La carnicera vegetariana’. La Península Ibérica, entendiendo como tal tanto España como Portugal, se convierte en la segunda expansión de superficie que cuenta con más posibilidades en todo el mundo, solo por detrás del país de origen de la marca, Holanda. En cuanto a las islas, solo Ibiza acoge una opción de esta marca. En España, Cataluña y País Vasco centran un gran porcentaje de estos establecimientos.

Para más información, o conocer los posibles emplazamientos, consulten la web de The Vegetarian Butcher.

 

 

Jaap Korteweg, creador de La carnicera vegetariana.

 

Opiniones sobre el producto

 

Sin embargo, la cuestión con la que comenzábamos estas líneas interesa a otras muchas personas, no veganas, e incluso dedicadas a la producción de carne a gran escala. Para muchos, se antoja necesario buscar un término distinto para los sustitutos vegetales de la verdadera industria cárnica. Las declaraciones de Jos Goebbels respecto al tema en cuestión, presidente de la Organización Central Holandesa para la Carne Vacuna, así lo indican.

“No tenemos ningún problema con que la gente coma este tipo de productos”, relató el susodicho, tolerante hacia los distintos consumidores. No obstante, su desencanto surge con el término empleado para referirse a esos productos vegetales: “Con lo que tenemos problema es con la utilización de terminología específica de la carne, cuando todo el mundo sabe que no hay carne en eso”, añadió. “Esto no debería ser llamado pollo o hamburguesa, sino que debería tener un nombre diferente, ya que induce al consumidor a error”.

Una opinión más dentro de una cuestión que verdaderamente intriga a miles de personas.

A la espera de acuñar este término, desde Vegaffinity, os facilitamos el enlace web de nuestra tienda para que degusteis estos maravillosos productos: aquí puedes comprar sustitutos de la carne.

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